Superficie como mediador: entre la piel expresiva de Gehry y el espesor tectónico de Moneo

 


Autores: Alejandro Morales Cabrera, Luis R. Cordero Martinez, Mel E. Fuentes Maldonado, Gianpablo Padilla Oliveras 

    A simple vista, la superficie arquitectónica puede entenderse como el límite exterior de un edificio, como aquello que define su forma y lo separa del entorno inmediato. Sin embargo, reducirla a una mera envolvente estética sería simplificar un problema mucho más complejo. La superficie no solo delimita, sino que construye una experiencia y organiza la relación entre estructura, materia y percepción. Por un lado, en la obra de Frank Gehry la superficie se manifiesta como una piel dinámica que privilegia la continuidad visual y transforma la lectura del edificio en un acontecimiento perceptivo. Por otro lado, en la arquitectura de Rafael Moneo la superficie se concibe como espesor tectónico, como sección construida donde la materialidad y la gravedad estructuran la experiencia espacial. Aunque estas posturas parecen opuestas en términos formales, ambas coinciden en que la superficie no es un elemento superficial, sino un dispositivo que media entre estructura y percepción, cubriendo, reorganizando e incluso desplazando la lectura directa del sistema constructivo.

    En el caso de Frank Gehry, la superficie adquiere un carácter casi autónomo que redefine la relación entre construcción y representación. El uso de herramientas digitales permitió traducir modelos tridimensionales complejos en sistemas constructivos viables, donde la envolvente absorbe las tolerancias estructurales y permite una continuidad visual aparentemente perfecta. Como explica Genevieve Baudoin, “Tolerance is the deviation we allow for human (and machine) error in installation and in the creation of the parts that create a building” (Baudoin, 2016, p. 35). Esto implica que la superficie no es una simple máscara, sino el resultado de una negociación técnica entre dibujo y realidad material. Más aún, cuando Baudoin afirma que “the detail, from its representation to its actualization, is the architecture” (2016, p. 36), deja claro que la arquitectura no se agota en la forma general, sino que se concreta en el modo en que esa superficie se construye y se ensambla. En proyectos como el Guggenheim de Bilbao, la piel metálica fragmentada se percibe como una forma continua, mientras que la estructura queda absorbida detrás de esa fluidez. Esta operación se aproxima a lo que el artículo sobre duck architecture describe como edificios cuya forma comunica directamente su identidad; la envolvente se convierte en mensaje, en signo reconocible que domina la percepción. En Gehry, la superficie no solo cubre la estructura: la traduce en espectáculo visual.

    En contraste, Rafael Moneo parte de una concepción más cercana a la tradición tectónica, donde la superficie surge de la lógica estructural y del ensamblaje material. Baudoin retoma la idea de que “tectonics becomes the art of joinings” (2016, p. 36), subrayando que la arquitectura se define en la manera en que sus partes se articulan. Esta postura se complementa con lo planteado por Juan Navarro Baldeweg cuando afirma que “un objeto es una sección, es una porción definida en un espacio abierto de coordenadas físicas” (Navarro Baldeweg, 1992, p. 2). La superficie no es un plano ligero, sino espesor inscrito en la gravedad, en la materia y en la construcción. Asimismo, Navarro Baldeweg sostiene que “en la percepción se producirá una ambigüedad oscilante entre lo aparente y lo inaparente” (1992, p. 4), lo que nos recuerda que toda superficie encubre y revela al mismo tiempo. Aunque Moneo no busca la fluidez formal de Gehry, también reorganiza la lectura estructural mediante la continuidad material del muro, integrando columnas, losas y sistemas internos dentro de una masa homogénea. De esta manera, tanto la piel metálica de Gehry como el muro macizo de Moneo cumplen una función similar: cubrir la complejidad interna y convertirla en experiencia arquitectónica coherente.

    Sin embargo, limitar el análisis a una comparación estilística sería insuficiente. La verdadera cuestión radica en qué implica esta mediación de la superficie en el contexto contemporáneo. En Gehry, la superficie tiende a privilegiar la experiencia inmediata y el impacto visual, lo que puede derivar en una arquitectura donde la estructura queda subordinada al gesto formal. En Moneo, aunque existe una mayor fidelidad a la lógica constructiva, la superficie también sintetiza y controla la lectura del sistema estructural, evitando una exposición directa de su complejidad. En ambos casos, la estructura no desaparece, pero sí es reinterpretada por la envolvente. Esto plantea una pregunta crítica: ¿hasta qué punto la superficie contemporánea se ha convertido en un filtro que distancia al usuario de la comprensión material del edificio? Si la arquitectura, como señala Baudoin, se define en el detalle y en su materialización, entonces la superficie no puede ser únicamente espectáculo ni simple masa; debe ser un lugar de conciencia constructiva. Tanto Gehry como Moneo demuestran que la arquitectura se decide en ese espacio intermedio entre lo que sostiene y lo que se percibe. No obstante, la diferencia entre una superficie que oculta para impresionar y una que media para revelar gradualmente radica en la postura ética y disciplinar del arquitecto frente a la construcción. En última instancia, la superficie no es el final del edificio, sino el campo donde se negocia su sentido.

Referencias:

Baudoin, G. (2016). A matter of tolerance. The Plan Journal, 0(0), 33–46. https://doi.org/10.15274/TPJ-2016-10004

Navarro Baldeweg, J. (1992). El objeto es una sección. La geometría complementaria. CIRCO, 25.

Artsy Editorial. (s.f.). The quirky, endearing tradition of duck architecture. Artsy. https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-quirky-endearing-tradition-duck-architecture

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