La construcción del orden a partir de la composición y la morfología
Autores: Alejandro Morales Cabrera, Luis R. Cordero Martinez, Mel E. Fuentes Maldonado, Gianpablo Padilla Oliveras
Sabemos que en la arquitectura el orden no es algo absoluto, sino que una construcción que depende de cómo sea percibido por el usuario. La composición tradicional expone el orden como algo claro, basándose en la geometría, simetría y en las reglas que organizan el espacio de manera lógica. Por otro lado, la morfología propone un orden que no está impuesto, sino que surge de relaciones complejas, como por ejemplo, en las estructuras de espuma donde los elementos interactúan sin un centro definido. Esto sugiere que el orden no siempre es evidente ni estable, sino que él mismo pudiera ser dinámico y cambiante. En ese sentido, tanto la composición como la morfología demuestran que el orden en la arquitectura se encuentra dependiendo en cómo sea interpretado, no tanto en la forma que tenga la misma.
La composición intenta establecer un orden fijo, que sea claro y se entienda desde el principio. A través de herramientas como la simetría, la repetición y la geometría euclidiana, crea espacios que se pueden leer fácilmente y que responden a reglas claras. Esto conecta con la idea de “tipo” como un modelo que guía el diseño, donde la forma sigue una lógica predefinida. A pesar de su claridad, a veces pudiera también confundir un poco ya que simplifica la realidad y deja fuera muchas de las complejidades que existen en el espacio y en la experiencia del usuario. Al final, ese orden tan preciso también es una especie de ficción que intenta controlar algo que en realidad es más diverso.
Por otro lado, la morfología se enfoca principalmente en cómo el orden puede surgir de procesos más naturales y complejos. Basándose en el ejemplo mencionado acerca del sistema que nace desde la espuma, se observa como las formas se generan por tensiones y relaciones entre partes, proponiendo una arquitectura menos rígida y más adaptable. Aquí no hay una jerarquía clara, sino que son múltiples interacciones que producen patrones que pudieran llegar a percibirse como si estuviesen ordenados. Este tipo de organización se parece a modelos donde las reglas se superponen y no son excluyentes, lo que permite mayor flexibilidad pero también más ambigüedad. Así, el orden no se impone, sino que aparece como resultado de esas dinámicas.
En conclusión, tanto la composición como la morfología muestran que el orden en arquitectura no es algo fijo, sino algo que construimos al observar y entender las relaciones dentro de un espacio determinado. La composición intenta hacerlo más claro, organizado y controlado, mientras que la morfología lo hace más abierto, libre y complejo. Esta diferencia deja ver que el orden siempre tiene algo de ficción, porque nunca es completamente estable ni absoluto, sino que depende de quién lo percibe y cómo lo interpreta.
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